7 ene. 2014

6. Los días pintados en la pared de su cuarto


6. Los días pintados en la pared de su cuarto

Una vez, Andrea tardó mucho en volver. Habían pasado cuatro meses desde su última visita, y aquel año había cogido la costumbre de visitarles una vez al mes.
            Cristal había apuntado con grafito en la pared de su cuarto los días que pasaba sin verle; y, sin poder evitarlo, empezó a alarmarse. Por la noche era peor.  <<Dormiré>> Se dijo. <<No me voy a comportar como una cría, he crecido, soy seria y tengo paciencia>> Pero aquella noche no pudo dormir. Tenía miedo de que las pesadillas la atormentasen al cerrar los ojos. Había cumplido los catorce años, pero aún seguía teniendo malos sueños de vez en cuando.
            Al día siguiente, no se levantó de la cama. Le dijo a Angelo que le dijera al tutor que no asistiría a las clases porque se encontraba mal. A mediodía bajó a la cocina a comer, pero su olfato debía de haberse sensibilizado todavía más, y no fue capaz de probar bocado mientras sentía el constante olor a sangre de los pacientes.
            Sabía que era una tontería. A la cocina apenas llegaban olores de las salas de los enfermos o del quirófano. Pero, de tanto repetírselo a ella misma y de tanto tiempo que estuvo pensando sobre el tema, acabó por creer que no volvería a comer mientras siguiera en el hospital.
            Por la tarde, cansada y hambrienta, dejó de lado sus ocupaciones y se echó la siesta. Se despertó entrada ya la noche, y se maldijo a sí misma por no haberse despertado antes, porque aquella noche tampoco dormiría.
            Estuvo durante una semana durmiendo poco y teniendo pesadillas cuando lo hacía. Y, para colmo, había veces que no podía comer porque le entraban nauseas por el olor al que tan sensible era.
            Andrea seguía sin regresar. No quería comentarle a Angelo su temor a que no volviera, porque sabía que era una tontería. Pero no podía pensar en otra cosa.
            Una noche, de esas en las que no podía conciliar el sueño, alguien llamó a su puerta y se levantó a toda prisa esperando ver a Andrea detrás de ella.
            -Ah, eres tú. –Resopló al ver a Angelo sonriente.
            -Me alegra que mi visita te cause tanta emoción.
            -Lo siento, es que esperaba que fuera...
            -Andrea. –La cortó él. –Sé que no duermes bien y que faltas a tus clases porque te preocupas por él, como siempre.
            -Eso no es verdad...- Intentó negar ella. –Es que... su trabajo es muy peligroso...¿y si le ha pasado algo?
            -Tranquila, siempre vuelve. –Como Cristal no le dijo nada más, siguió hablando. –Ven, tengo algo que enseñarte.
            Se puso unas zapatillas y salió detrás de él. Subieron unas escaleras que ya no eran transitadas por nadie y cruzaron varios pasillos a oscuras. Llegaron hasta las habitaciones que iban a ser reformadas y Angelo la invitó a entrar en una de ellas, que permanecía tan oscura como el resto.
            Se escuchó el ruido de la puerta cerrándose tras ellos y él la cogió de la mano para guiarle hasta donde quería llevarla.
            -¿Ves esas cajas? –A pesar de que no había luz, los dos veían bastante bien una vez que sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra y sabía que sería capaz de localizar las cajas a las que se refería. –Súbete a ellas, en el techo hay una trampilla, ábrela y sube. Yo iré detrás.
            Cristal obedeció y subió a través de las cajas con sorprendente agilidad. Tanteó con las manos en busca de un sistema de apertura y, cuando lo encontró, echó la puerta de la trampilla hacia atrás para después hacer fuerza con los brazos e impulsarse hacia arriba.
            Era la azotea del edificio, estaban en el tejado. Con la niebla no se veían más que un par de estrellas de pálida luz intermitente, pero Cristal agradeció poder respirar aire fresco.
            -No huele a sangre. –Murmuró maravillada.
            -Lo sé. Por eso quería enseñártelo.
            Se sentaron cerca del borde, y Cristal cogió una gran bocanada de aire.
            -Creo que ya sé cuál es tu problema.
            -Yo no tengo ningún problema. –Le respondió ella sin saber a dónde quería llegar.
            -Tú problema al oler sangre. No es normal que un vampiro aborrezca la sangre.
            -No está claro que sea una vampiro. –Comentó ella sin estar segura de lo que decía.
            Había muchos indicios de que pudiera ser igual que el resto de la familia que la había adoptado; de hecho, no parecía haber más opciones. La primera vez que mordió a un niño, la herida se había cerrado al día siguiente. Eso se podía explicar por el poder regenerativo de la saliva de los vampiros. Tenía una visión nocturna privilegiada. Sus colmillos eran bastante más largos que los de los humanos, exactamente iguales que los de Andrea y los de Angelo, quizá algo más pequeños.  Y tenía un olfato sensible a la sangre, igual que el resto de los vampiros, aunque  no le gustara aquel olor.
            A pesar de todas las evidencias, nunca se había atrevido a preguntarle a Andrea al respecto. Porque si ella era vampiro, aquello podía implicar dos cosas que no le gustaban. La primera opción, era que un vampiro la hubiese mordido de pequeña, pero tendría que haber sido antes de los cinco años, porque después de su quinto cumpleaños lo recordaba todo. Y quizá eso tuviera relación con la muerte de sus padres, porque le habían dicho que habían muerto en un accidente de tráfico, pero no se habían encontrado los cuerpos. Aquello tenía que haber sido un asesinato, y cabía la posibilidad de que el mismo vampiro que la hubiese mordido a ella hubiera mordido también a sus padres y los hubiese matado.
            Ella adoraba a los vampiros. En realidad, adoraba a Andrea. Y, como él era uno de ellos, también los adoraba. Por eso le daba miedo descubrir que alguien como Andrea hubiese asesinado a sus padres, le daba miedo dejar de sentir esa admiración tan profunda por él.
            La segunda opción era que hubiese nacido vampiro. Y aquello encajaba más. Porque su abuela siempre había sido jovencísima, como el resto de vampiros a los que conocía, que no envejecían. Sin embargo, eso podía implicar que la muerte de sus padres hubiera sido a manos de un verdugo, de un Cazador de Sombras. Y le daba miedo que el intenso odio que sentía hacia ellos se hiciera más grande.
            El odio era para ella una sensación desagradable. Los odiaba por ser tan mezquinos y los odiaba al mismo tiempo por crear en ella esas sensaciones; y entonces los odiaba aún más. No quería tener más motivos para odiarlos. Sentía que no podría llegar a odiar más de lo que ya los odiaba, y no quería tener motivos para hacerlo, porque temía volverse loca de odio.
            Tal vez todo aquello solo fuesen historias que se había montado ella en su cabeza, tal vez a sus padres los había matado un asesino normal. O tal vez los cuerpos se habían carbonizado con una explosión... Había tantas opciones, y todas ellas tan desagradables... Pero lo más lógico para ella eran las dos opciones que tanto miedo le daban. Y si ella era vampiro, habría más posibilidades de que esas opciones fueran reales.
            -Sí que está claro que lo eres. Lo único que no está claro es por qué te repugna el olor a sangre, y creo saber por qué es.
            -Está bien, supongamos que soy como tú. Ilumíname.
            -Tienes tanto miedo a reconocer lo que eres que te niegas a admitir que la sangre te atrae y confundes esa sensación con una que te repugna.
            Cristal frunció el ceño, no pudo evitar reírse por lo que acababa de oír.
            -Qué lógico, Angelo. Y como el olor de las fresas me gusta quiere decir que en el fondo me repugna.
            -Hablo en serio, no te rías de mí.
            -¡Entonces no digas cosas sin sentido! –Gritó, y se echó a reír de nuevo.
            -Dime una cosa, y sé sincera. –Le pidió. Cristal esperó a que siguiera hablando, pero se quedó callado. –Prométeme que dirás la verdad.
            -Prometo decirte la verdad. –Dijo suspirando.
            -¿Quieres saber si eres vampiro o prefieres seguir sin saberlo?
            Meditó durante unos instantes la pregunta. Era cierto que tenía miedo de saberlo, porque aunque estaba casi segura de que sí lo era, todavía le quedaba una mínima posibilidad de que no fuera así. Y si tenía la opción de descartar esa posibilidad... no estaba segura de querer hacerlo.
            -No lo sé... Seguir viviendo en la ignorancia sería lo más fácil. Pero tengo dudas, preguntas sin responder... ¿Qué es mejor, vivir feliz en la ignorancia o infeliz conociendo la verdad?
            -¿Estás segura de que serías infeliz? –Le preguntó Angelo.
            -No, pero me da miedo conocer mi pasado. Si estuvieras en mi situación y tu pasado no te fuera a gustar ¿querrías saberlo?
            Angelo se echó hacia atrás, pensativo, y se revolvió el cabello.
            -Admito que soy un cobarde, preferiría no saberlo.
            -Pues yo sí. –Acabó decidiendo ella. –La curiosidad me puede más que la cobardía.
            -Entonces, averigüémoslo.
            -¿Ahora? ¿Cómo? –Exclamó ella, aturdida.
            -Muérdeme.
            -¿Que te muerda? Eso no probaría nada. Ya sabemos que tengo los colmillos algo más largos de lo normal pero...
            -Si encuentras la manera de morderme y de beber mi sangre querrá decir que eres vampiro. Para un humano sería muy difícil succionar la sangre, le costaría mucho. Los vampiros en cambio, nacen con ese instinto.
            -¿Y no podría morderme a mí misma? –Angelo arqueó una ceja y Cristal rectificó. –Vale, olvídalo. Ha sido una pregunta absurda. Si crees que es una buena idea...hagámoslo pues.
            Se inclinó hacía él cuando asintió y ladeó la cabeza para llegar hasta  su cuello. Le bajó el cuello de la camisa para no manchárselo y tras abrir la boca lentamente le mordió.
            -¿Intentas sacar sangre o estás esperando a que salga sola? ¡Venga!
            Hizo algo más de fuerza, y sintió cómo sus colmillos se clavaban en la piel de Angelo. Poco a poco la sangre fue fluyendo y, aunque se había imaginado que no sabría  qué hacer, la succionó y la bebió como si lo llevara haciendo toda su vida.
            Pensó en lo que aquello implicaba, y se separó enseguida. Antes de limpiarse a ella misma los labios, le pasó la mano por el lugar donde le había mordido y le quitó la sangre antes de que resbalara hasta su camisa.
            -¿Y bien? –Preguntó él complacido de tener razón.
            -Soy como tú. –Hizo una pausa y cerró un ojo mientras sacaba la lengua en una expresión que a Angelo le hizo reír. –Pero me da un poco de repelús.
            -Parece que hayas chupado un limón.
            -Es que el olor de la sangre no concuerda con el sabor. Parece que vas a beber algo totalmente diferente, y es desconcertante.
            -¿Mi sangre no sabe a limón, entonces? –Se burló él.
            -Deberías morder un limón y luego morderte a ti mismo para comparar el sabor.
            -Quizá algún día lo pruebe.
            -Quizá un día muerdas un limón por equivocación. –Le contestó ella frunciendo el ceño. –Me gustaría ver tu cara al morder un limón pensando que es otra cosa.
            -¿Es una amenaza? –Preguntó divertido.
            -Puede que lo sea.
            Después de dejar las bromas a un lado, Cristal le planteó las dos opciones que la asustaban si resultaba que era vampiro. Y ambos estuvieron de acuerdo en que lo mejor que podría hacer era preguntárselo a Andrea. Él tendría que saber algo.
            A partir de aquel día, subía allí arriba cuando no podía dormir o cuando los olores no le permitían comer a gusto en la cocina. Angelo también iba de vez en cuando pero, con las reformas del hospital, lo tenían casi todo el día ocupado, y por las noches se quedaba dormido nada más llegar a su cuarto.
            Las dudas sobre su pasado la seguían atormentando. Pero había decidido que quería saber la verdad. Había estado muchos años sin hacer preguntas, y después de tanto tiempo quería las respuestas de todas ellas.
            Fuera cual fuese su pasado, no tenía miedo a averiguarlo. Se había convencido a ella misma de que, aunque el asesino de sus padres hubiera sido un vampiro, o varios, no dejaría de apreciar a Andrea y a su familia. En parte porque los vampiros no eran todos iguales, y porque a ellos en especial ya los consideraba parte de su familia.
            Tampoco tenía miedo a descubrir que un Cazador de Sombras hubiera acabado con sus padres. Si crecía su odio hacia ellos sería algo sano, <<Cuanto más les odie, mejor>> -Se decía a ella misma-.
            Por eso, esperaba impaciente a que Andrea volviera. Para preguntarle por su amistad con su abuela, por sus padres, por su pasado, por su origen como vampiro... Marcaba cada día que pasaba en la pared, con un carboncillo, como llevaba haciendo hasta entonces. No sabía si el personal del hospital aprobaría aquello, pero le daba igual. Llevaba cinco años en aquella habitación, y ya la sentía  suya . Además, nadie entraba allí. Ella se hacía la cama y se encargaba de arreglarla cuando lo necesitaba. No tendrían por qué saber que pintaba la pared.
            De vez en cuando, tumbada en la cama, se daba cuenta de que aquello estropeaba un poco la imagen de su cuarto. Le daba un toque carcelario, y lo último que necesitaba era que aquellas cuatro paredes le recordasen a una cárcel. Por eso se levantaba dispuesta a limpiar las marcas, pero cuando volvía con una bayeta para hacerlas desaparecer, se echaba hacia atrás. <<No las quitaré a la primera, y dejaré toda la pared negra>> -Pensaba-, y volvía a dejar los utensilios de limpieza en su sitio.
            Después se decía que dejaría de apuntar los días que tardaba Andrea en regresar. Pero, llegada la noche, estaba tan nerviosa y tan desesperada por verlo de nuevo, que veía necesario llevar la cuenta de los días que tardaba en volver y hacía una pequeña raya que apenas se veía y que de madrugada, pensando que cuando quisiera contar los días la pasaría por alto,  alargaba para que se pudiera ver mejor.

6 comentarios:

  1. ¿podrias hacer una entrada describiwndo los principales personajes? :)

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  2. ¡Claro! Es una buena idea :) Estate atento, querido anónimo, si no subo la entrada hoy la subiré mañana.

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    1. Muchas gracias! Tu libro me tiene enganchada, no me gusta leer por internet, pero me llamo tanto la atencion que llamara a Andrea el principe que vestia de negro que he estado leyendo algun capitulo por internet y estoy planteando comprarmelo, pero antes queria saber mas de los personajes :)

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    2. Eso es genial ^^ ¡ Entonces me pongo ahora mismo a escribirlo !

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  3. Hola! nos encanta tu blog!!^^
    http://mdeunalectora.blogspot.com.es/

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